Created: Wednesday, 01 January 2020 18:50 | Rate this article
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Nicolás Armando Herrera Farfán, review of O velho Marx: uma biografia de seus últimos anos (1881-1883), Herramienta, 01 January 2020.

Los últimos años del doctor del terror rojo - O velho Marx. Uma biografía de seus últimos anos (1881-1883) -Marcello Musto- Ed. Boitempo, 2018

 

Por Nicolás Armando Herrera Farfán

¿Cuál es [la ley del ser?]. Por un instante, tuve la sensación

de que la mente de Marx “se revolvía (…), mientras escuchaba el bramido del mar

y observaba la inquieta muchedumbre en la playa.

“¿Cuál es [la ley]?”, se preguntaba. Con un tono profundo y solemne,

[Marx] responde: “¡La lucha!”

Del Preludio

El libro O velho Marx. Uma biografía de seus últimos anos (1881-1883) escrito por el italiano Marcello Musto y editado en portugués por la brasileña Boitempo en 2018 da cuenta de los últimos años de vida de Karl Marx, Moro, Viejo Nick [Viejo diablo], o, como también lo llamaban, el doctor del terror rojo.

Lo primero que salta a la vista es el cuidado de su edición, estéticamente agradable y con una tipografía y tamaño de letra adecuados para hacer la lectura más tranquila, como corresponde a las publicaciones de esta editorial.

Por otro lado, la escritura de su autor demuestra, al mismo tiempo, su amplio conocimiento de la vida y obra de Marx y su capacidad de transmitir interés y entusiasmo a todos los lectores y lectoras. En este sentido, también tiene mérito su traductor Rubens Enderle. Musto consigue mostrar la pasión de Moro por el estudio complejo de la realidad mundial con el objetivo de “proporcionar al movimiento obrero las bases teóricas para destruir el modo de producción capitalista” (p. 19) y también evidencia las situaciones difíciles que vivió el matrimonio Marx Westphalen[1].

Una de las cosas que más gozamos del primer capítulo es la descripción que se hace del método de trabajo de Marx, “riguroso e inflexiblemente crítico” (p. 20), quien leía en todas las lenguas europeas y que trataba a los libros como instrumentos de trabajo y no como bjetos de lujo. Su yerno Paul Lafargue recordaba que los maltrataba “sin recelo”, doblando las puntas de sus páginas y cubría sus márgenes de subrayados; gracias a su método de subrayar “conseguía reencontrar con mayor facilidad el pasaje buscado en un libro” (p. 22).

Esta “máquina condenada a devorar libros” (p. 22), como él mismo se definía, tenía una biblioteca de cerca de 2 mil volúmenes de diversos temas (textos académicos, literarios, históricos, filosóficos y científicos, incluidas las matemáticas) y en diversas lenguas (ruso, alemán, español, italiano y otras); sin embargo, “no era tan imponente como la de los intelectuales burgueses de su calibre, sin duda mejor equipados que él” (p. 20). La biblioteca la complementaban paquetes, decenas de cuadernos de anotaciones y manuscritos inacabados, periódicos (burgueses y obreros de Alemania y Francia) y abundante correspondencia sostenida con líderes obreros, dirigentes políticos e intelectuales.

La vastedad de su biblioteca y la combinación del método de estudio hacían que Marx fuera muy exigente con sus propios textos, por lo cual no publicaba algo que no hubiera reelaborado varias veces hasta encontrar su forma adecuada y señalando que “prefería quemar sus manuscritos a publicarlos incompletos” (p. 23). Esta rigurosidad hizo que desarrollara un “estilo literario”, como lo advierte el marxista venezolano Ludovico Silva (2011).

En aquellos años su salud y la de Jenny estaban desmejoradas. No obstante, seguía manteniendo una personalidad jovial y llena de vida, evitando criticar a las personas y aceptando las bromas que, cuando eran buenas, lo hacía llorar de risa. Por otro lado, su aspecto físico distaba de Engels, siempre bien vestido, y se asemejaba a “un conspirador salido de una escena de teatro” (p. 26).

La enfermedad de Jenny limitó su potencialidad de trabajo, aunque pudo avanzó en el estudio de las matemáticas y la antropología, produciendo lo que se conoce como “cuadernos matemáticos” y “cuadernos etnográficos”. En paralelo a estos estudios, siguió leyendo los periódicos obreros y burgueses de Alemania y Francia y continuó la correspondencia con sus interlocutores.

Aun cuando, su primera relación con las matemáticas fue instrumental, en función de sus estudios de economía política (en 1858), con el paso de los años, esta ciencia se convirtió “en fuente de interés cultural en sí misma, asumiendo un carácter muy especial en el ámbito de sus actividades intelectuales” (p. 41), principalmente las obras de Newton y Leibniz. Las matemáticas le representaron “un estímulo intelectual útil a su búsqueda de un método de análisis social, particularmente en lo que respecta a la dialéctica y la representación de ‘totalidad’” y llegaron a convertirse en un espacio lúdico y un refugio en momentos de gran dificultad, “casi en un lugar físico” (p. 44).

De outro lado, los estudios etnográficos[2] le permitieron comprender las estructuras de las sociedades antiguas en las cuales vislumbró el advenimiento de un “tipo de sociedad mayor” que se basaba en una nueva forma de producción y un nuevo modo de consumo, sin que deseara un retorno liso y llano al pasado. No obstante, este “tipo de sociedad” sólo surgiría mediante la lucha consciente de la clase trabajadora y nunca mediante “una evolución mecánica de la historia” (p. 37).

El segundo capítulo del libro se detiene en los estudios de Marx sobre las colonias del modelo capitalista: Irlanda, pero sobre todo la experiencia rusa de la comuna rural (la obschina), estudiando el cirílico ruso a partir de los años 1870. Así pues, la carta de la militante populista rusa Vera Zasulitch de febrero de 1881, “lo estimuló a analizar concretamente un caso histórico de gran actualidad, estrechamente ligado a las cuestiones que, en aquel momento, él abordaba en el plano teórico”. (p. 62)

En su respuesta, es evidente el cambio de perspectiva en relación con las misiones civilizatorias de las metrópolis del capitalismo como pensaba en el caso de la India en 1853. Comenzó a considerar de manera distinta la posible transición “del capitalismo a las formas comunitarias del pasado” (p. 74), y advirtió que la obschina tenía dos posibilidades: o prevalece el “elemento de la propiedad privada” sobre el “elemento colectivo”, o sucede lo contrario. Todo dependerá del contexto y ambiente sociohistórico; sin embargo, no excluyó “la posibilidad de un desarrollo socialista de la obschina”. (p. 75).

Tomando como punto de partida los estudios de Lewin Morgan, y pensando en la obschina, Marx consideraba que podrían existir formas para eliminar el capitalismo y retornar a formas superiores “de tipo ‘arcaico’ de propiedad y de producción colectiva” (de hecho, la obschina era “la forma ‘más moderna de tipo arcaico’ de propiedad comunista”). (p. 76). Sin embargo, al criticar su aislamiento ponía luz sobre un tema fundamental: con una revolución en Rusia la comuna podría desarrollarse “como un elemento regenerador de la sociedad rusa y como un elemento de superioridad frente a los países sometidos al régimen capitalista” (p. 79), pero sin una revolución en Rusia la comuna rural estaría condenada al fracaso.

A lo largo de su obra, Marx se abstuvo de indicar fórmulas o un modelo universal de sociedad socialista, dijo que no había un recorrido inevitable de etapas prestablecidas para las sociedades y dejó en claro que muchos de sus análisis sólo eran exclusivos apenas para la Europa occidental. Por eso, pudo decir que si Rusia continuaba el camino que tomó en 1861m “perdería la más bella ocasión que la historia haya ofrecido a un pueblo y, en vez de eso, sufriría todos los infortunios fatales del régimen capitalista”. (p. 69) Su contacto con los populistas rusos le permitió madurar una convicción en 1881: la historia debía evaluarse con más elasticidad, considerando “la irrupción de los eventos revolucionarios y las subjetividades que los determinan”; de esta manera, llegaba “a un verdadero internacionalismo en escala global, no sólo europea”. (p. 83)

Las dificultades de la vida cotidiana del matrimonio Marx Westphalen aparecen en el intimista tercer capítulo, en el cual, podemos ver la vida cotidiana, las enfermedades y los tormentos de los viejos, incluido el verdadero impacto de la publicación de El Capital, que en sus orígenes tuvo poquísima difusión y la muerte de Jenny Von Westphalen, su compañera de camino desde 1836, se sumó a las dolencias corporales y los sufrimientos espirituales, afectando grandemente su trabajo e impidiéndole continuar tranquilamente con su rutina. El 2 de diciembre de 1881 perdió “su mayor tesoro”. (p. 103)

El capítulo cuarto da cuenta de la estancia de 72 días de Marx en Argel, su último viaje y la única estadía lejos de Europa. En este tiempo vivió el duelo de la pérdida de Jenny, revelándole a su amigo Engels que tenía “profundos ataques de melancolía, parecidos a los del gran Don Quijote” y que su pensamiento estaba “preponderantemente absorbido por el recuerdo de mi mujer, ¡que es la parte más grande de la mejor parte de mi vida!”. (p. 113) Sin embargo, incómodo con la “estúpida profesión de inválido”, porque se sentía “próximo de la imbecilidad” (p. 114), intentó retomar su trabajo, interesándose, desde el punto de vista de las colonias, por la cuestión de la tierra en Argel durante la dominación francesa, al mismo tiempo que hacía observaciones sociales y políticas, y en sus cartas incluyó relatos y costumbres, bromas y comentarios propios de su habitual sarcasmo.

Como su salud no mejoró en su estancia argelina, viajó a la Costa Azul francesa en búsqueda de mejor suerte. Sin embargo, el tiempo le jugó en contra y sufrió una bronquitis que le exigía seguir instrucciones médicas estrictas en el comer, beber y distraerse. Entonces, no pudo evitar su comentario: “Siguiendo esas ‘instrucciones’ estoy bien en el camino de la imbecilidad y me libré del catarro bronquítico”. (p. 122) Después de eso, regresó a Londres, donde la inestabilidad de su salud y la crisis de salud de su hija Jenny contribuyeron para que terminara en condiciones desesperadas. Finalmente, el 11 de enero de 1883, antes de cumplir los 39 años, Jenny falleció de cáncer de vejiga. Esta noticia “arrasó con un hombre ya gravemente enfermo y marcado por una vida de adversidades”. (p. 131) Y, de manera paradójica, Marx encontró alivio en un dolor de cabeza. “El dolor físico es el único ‘letargo’ del dolor mental”, escribió.

En el epílogo, Musto comparte los últimos y difíciles meses de Marx. Agravado por las dolencias corporales y los vacíos espirituales, su salud empeoró con un absceso pulmonar. Su cuerpo sólo soportó hasta las 14.45 horas del 14 de marzo de 1883. Engels recordó que “vivir con todos aquellos trabajos incompletos delante de sí, deseando terminarlos, pero sin poder hacerlo, como Tántalo, debió ser mil veces más amargo que la dulce muerte que lo sorprendió”. (p. 135)

El libro concluye con un apéndice que recorre el “Programa electoral de los trabajadores socialistas” (escrito por Jules Guesde, Paul Lafargue y Karl Marx), y a este sigue una breve cronología de aquellos años.

Consideramos que este trabajo de Musto da un buen tratamiento a un período poco explorado de la vida de Marx, dando pistas, sobre todo de un hombre que va cambiando sus perspectivas, refinando su marco teórico y aproximándose a nuestras realidades del tercer mundo, de las periferias. Es un tiempo de reelaboración, reformulación y reinvención del materialismo histórico, muy útil para nuestras luchas actuales.

Nicolás Armando Herrera Farfán pertenece a IEALC-UBA / Colectivo Frente Unido-Investigación Independiente

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Referencias

Armas Fonseca, P. (1989). Moro: el gran aguafiestas. La Habana, Cuba: Editorial Pablo de la Torriente.

Gabriel, M. (2014). Amor y capital. Karl y Jenny Marx y el nacimiento de una revolución. Barcelona, Catalunya: El viejo topo.

Heinrich, M. (2018). Karl Marx e o nascimento da sociedade moderna: biografia e desenvolvimento de sua obra, volume I: 1818-1841. São Paulo, Brasil: Boitempo.

Marx, K. (2018). Comunidad, nacionalismos y capital. Textos inéditos (Á. García Linera, Ed.). La Paz, Bolivia: Vicepresidencia del estado plurinacional de Bolivia.

Silva, L. (2011). El estilo literario de Marx. Caracas, Venezuela: Fundación para la cultura y las artes.

[1] Sobre el apodo “Moro” y las vicisitudes de Karl y Jenny pueden verse, entre otros, los trabajos de Mary Gabriel (2014), Michael Heinrich (2018) y Paquita Armas Fonseca (1989).

[2] Los comentarios y manuscritos de estos estudios etnográficos, junto a los apuntes de la crítica a List, fueron publicados recientemente en español (Marx, 2018).